El festival más importante de la música andina colombiana vuelve a convertir a este pueblo vallecaucano en la capital cultural del país durante cuatro días únicos.
Hay pueblos que tienen alma musical. Ginebra, Valle del Cauca, es uno de ellos. Y esta semana, su alma suena más fuerte que nunca: del 25 al 28 de junio, el 52.º Festival de Música Andina Colombiana Mono Núñez vuelve a tomar las calles, los parques y los escenarios de este municipio con tiples, bandolas, guitarras y voces que cuentan la historia de un país.
No es solo un concurso. Quien llega por primera vez al Mono Núñez lo entiende rápido: aquí la música no se escucha, se vive. Cada presentación es una conversación entre la tradición y las nuevas generaciones. Cada silencio del público es parte del espectáculo.
El corazón del festival: el Coliseo Gerardo Arellano Becerra
Las noches del coliseo son el escenario principal del certamen, donde los mejores intérpretes del país se miden en las modalidades vocal e instrumental. Pero el festival es mucho más que eso.
La programación se despliega por todo el municipio con eventos para todos los gustos. El Concierto Patrimonio Cultural reúne a nombres como Síncopa2, Jorge Hernán Baena, los Hermanos Quintero, el Ensamble Arnulfo Briceño y Somos Trío. Y el Concierto Internacional trae invitados de Argentina, México, Ecuador e Irlanda, recordándonos que la música andina colombiana tiene familia en todo el continente.
Raíces vivas, futuro asegurado
Uno de los momentos más emotivos es el Encuentro de Expresiones Autóctonas, donde comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes comparten manifestaciones musicales que no solo suenan bonito: transmiten formas de entender el territorio, la memoria y la identidad de un pueblo.
Y pensando en el futuro, el Encuentro Infantil Mateo Ibarra le abre el escenario a niños y jóvenes de todo el país que demuestran que el bambuco, el pasillo, la guabina y el torbellino tienen nuevas voces. El relevo ya llegó.
Un festival que también enseña
El Mono Núñez no se queda en los conciertos. Los Conciertos Dialogados permiten conocer las historias detrás de las obras y conversar con los propios artistas. Las conferencias, conversatorios, lanzamientos de libros y talleres convierten al festival en un espacio de reflexión tan valioso como el musical.
Cada tarde, la Plaza Principal de Ginebra se transforma en un gran escenario abierto con presentaciones gratuitas. Porque aquí la cultura no es exclusiva: es de todos.
Más de cincuenta años después de su primera edición, el Mono Núñez sigue cumpliendo lo que pocas instituciones culturales logran: proteger, difundir y renovar un patrimonio musical que nos define como colombianos. En tiempos donde todo pasa rápido, este festival nos recuerda que la música también puede ser memoria, encuentro e identidad.
Quienes lleguen este fin de semana a Ginebra no van a encontrar solo músicos extraordinarios. Van a encontrar un pueblo que abre sus puertas, una comunidad que vive la cultura con orgullo y, por unos días, un país que vuelve a escucharse a sí mismo.
¿Has vivido alguna vez el Mono Núñez en persona? ¿Hay algún ritmo de la música andina que te llegue al alma? Cuéntanos en los comentarios — en Tertuliando siempre hay silla para conversar.


